El subinspector Pedro vestido en su uniforme corriente, lo que le confería ese aspecto difuminado y neutro haciendo que sus vivos ojos verdes y hasta sus gracioso doble mentón y su doble barbilla perdieran relevancia, se acercó andando a la casa del desgraciadamente asesinado Juan Antonio el taxista. Quedaba en esta su viuda, y su hijo naturalmente, su único hijo el cual no caía demasiado simpático por los alrededores, y quien parecía haberse casado de manera desproporcionada con una de las criaturas más divinas que cualquier hombre pudiera imaginar por aquellos andurriales. Al menos eso es lo que le habían dicho en el bar. Ya se sabe que los cotilleos de un hombre, y más cuando se afirman en un grupo de tres o cuatro, van a misa. _ ¡Rosita! ¿Cómo se entiende que una muchacha con un futuro tal, así, brillante,se case con ese sonso? Y de preparación, ella tiene más que él,y es bonita que quita el hipo, porque es espectacular? ¿No es verdad que es esp...